Apnea del Sueño

Produce un aumento del riesgo de enfermedades como la hipertensión arterial, cardíacas y cerebro vasculares. Es fácil de diagnosticar y generalmente el paciente responde de manera positiva al tratamiento.

¿Qué es la apnea obstructiva del Sueño?

El síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS) es una enfermedad frecuente y conlleva ciertos riesgos por sus posibles complicaciones secundarias (accidentes de tráfico, enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas (Alzheimer, Parkinson), entre otras. Es fácil de diagnosticar y generalmente el paciente responde de manera positiva al tratamiento.

La aparición de las apneas se debe a la existencia de un colapso total o casi total (se habla entonces de hipopneas) en el interior de la faringe. Las apneas suponen un cese transitorio de la respiración y se produce una caída transitoria en los niveles de oxígeno de la sangre. Si las apneas son muy frecuentes, la persona afectada permanecerá buena parte de la noche con concentraciones de oxígeno en sangre bajas.

Una de las consecuencias más significativas de la apnea es la fragmentación del sueño, debido a que cada vez que se produce una apnea, finaliza con micro despertar imperceptible. La sucesión de estos eventos hace que la persona se despierte con la sensación de no haber descansado, aún cuando no recuerde haberse despertado. Suele sentir dolor de cabeza al despertarse (que mejora al cabo de unas horas) así como sequedad de la boca. A lo largo del día se siente cansada y nota somnolencia en situaciones sedentarias. Es característica la existencia de un aumento del riesgo de accidentes de tráfico (hasta siete veces superior al de la población normal) y de accidentes laborales. Suelen aparecer también cambios en el estado de ánimo como son la irritabilidad, la depresión, alteraciones en el rendimiento, o pérdidas de la capacidad de concentración y de memoria.

Cuando la apnea es severa, al margen de los problemas descritos, se produce un aumento del riesgo de enfermedades como la hipertensión arterial (más del 40% de los pacientes con apnea sufren de hipertensión), riesgo incrementado de cardiopatía isquémica (angina de pecho, e incluso infartos) y de accidentes cerebro vasculares. 

El riesgo de padecer este cuadro aumenta con la edad, alcanzando un valor máximo entre la quinta y la séptima década de la vida. Los factores predisponentes son los mismos del ronquido y casi todos los que sufren de apnea del sueño tienen sobrepeso más o menos importante. Es, por otro lado, una enfermedad típicamente masculina, con una incidencia en hombres 2,5 veces superior a la de las mujeres.

Como explica el Dr. Fernando Schifferli, “Cuando la persona ronca y hace apnea, baja el nivel de oxígeno de la sangre. Es similar a que lo ahoguen durante el sueño. Provoca alarma en el cerebro, que hace que reaccione con una descarga de adrenalina muy grande y provoca taquicardia, elevación de la presión, un despertar y la recuperación del ritmo respiratorio”

La prueba esencial para diagnosticar la apnea del sueño es el estudio de sueño (también llamado polisomnograma). Requiere pasar una noche para realizar el estudio. Se realiza una medición del flujo respiratorio, del esfuerzo que se hace para respirar, del nivel de oxigenación de la sangre, del funcionamiento del corazón, etc. En ocasiones, sin esta prueba resulta imposible excluir un cuadro de apnea del sueño.

Si usted o su pareja sospecha que presenta apnea del sueño, es recomendable acudir a la consulta médica para ser evaluado por un médico especialista en trastornos del sueño. Él evaluará su estado de salud y buscará las posibles causas.

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