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Un enemigo silencioso

La falta de sueño en los preadolescentes está estrechamente vinculado a repentinos cambios de humor, problemas en el rendimiento escolar…

Un enemigo silencioso
Un enemigo silencioso

Publicado el 27 marzo, 2017

La falta de sueño en los preadolescentes está estrechamente vinculado a repentinos cambios de humor, problemas en el rendimiento escolar y trastornos conductuales. Este cuadro muchas veces es erróneamente diagnosticado como déficit atencional.

Acostar a los niños temprano es una de las tareas diarias que fácilmente se puede transformar en una pesadilla. Las eternas peleas y los constantes tira y afloja, entre padres e hijos, muchas veces terminan por quebrar la armonía familiar. Sin embargo, diversos estudios y expertos señalan que esta es una batalla que «hay que dar», ya que la falta de sueño y el no descansar la cantidad de horas necesarias son muy perjudiciales para la salud y el desarrollo de los niños.

¿CUÁNTO DEBE DORMIR UN NIÑO A ESTA EDAD?

Los preadolescentes entre 11 y 14 años deben dormir un promedio de nueve a 11 horas diarias, ya que es en esta etapa en la que comienzan a preparase para la adolescencia, un período en el cual su cuerpo y mente están sometidos a complejos cambios físicos, psicológicos, cognitivos y sociales. Diversas investigaciones concluyen que no tener un sueño reponedor y de calidad está estrechamente vinculado a repentinos cambios de humor, en donde los niños se enojan o molestan fácilmente por pequeñas situaciones.

Según la doctora Karina Rosso, neuró- loga infantil de la Clínica Somno, “un sueño inadecuado, ya sea por calidad o por cantidad, puede alterar significativamente el funcionamiento de los adolescentes durante el día”. Esto se puede manifestar con una excesiva somnolencia diurna, alteraciones del comportamiento con dificultad para la atención o concentración, y cambios drásticos del estado de ánimo que se relacionan con apatía e irritabilidad. Todo esto deriva, frecuentemente, en un deterioro en el aprendizaje y el rendimiento escolar, lo que muchas veces es erróneamente diagnosticado como ADD o ADHD (siglas en inglés para trastornos por déficit de atención e hiperactividad) o interpretado como cambios propios de la adolescencia.

En la actualidad, es muy común ver a niños bostezando en clases, durmiendo arriba de sus escritorios y quejándose de que no descansaron lo suficiente durante la noche. Esa falta de sueño provoca no sólo desconcentración, menor rendimiento y desmotivación, sino también irritabilidad y frustración, lo que incide directamente en la relación con sus profesores y compañeros.

A juicio de la psicóloga de la Universidad Católica, Pamela Cabello, la privación de sueño deriva en un verdadero círculo vicioso. “Al no estar atentos a la clases, bajan sus notas, reciben constantes llamados de atención de sus profesores en el colegio y de sus padres en la casa, y se pelean con sus compañeros producto de su irritabilidad. Todo esto inevitablemente genera problemas de autoestima”, señala. Esto, sumado a la fragilidad emocional propia de la edad, los niños comienzan a sentir que son poco capaces, se afligen por su rendimiento escolar y se vuelven sensibles a la crítica de sus pares y adultos, lo que puede generar otros tipos de trastornos de salud mental.

 

REGLAS CLARAS EN LA CASA Y BUENOS CONSEJOS EN EL COLEGIO

Pero esta no es una tarea que solo atañe a los padres, sino también a los colegios. Así lo sostiene la coordinadora de segundo ciclo del Colegio Campanario de Buin, Ketty Fuentes. “Es relevante que estos teman se aborden desde la jefatura de curso y en orientación y formación de los padres, con el fin de sensibilizar a los alumnos en el desarrollo del autocuidado y la autonomía. Es muy importante que comprendan la importancia del buen dormir, por eso es clave ponerlos al centro del aprendizaje, como protagonistas de su quehacer diario”, comenta. Frente a este escenario, resulta un verdadero desafío para los padres entregar les a sus hijos rutinas y estilos de vida que los ayuden a consolidar un hábito saludable del sueño.

Hoy, la privación de sueño en los adolescentes está comúnmente relacionado a motivos sociales o recreacionales, ya que la gran mayoría concilia el sueño frente al televisor, celulares o tablets. Pero no sólo la tecnología influye en los trastornos del sueño, también son preponderantes ciertas variables como la falta de actividades deportivas y recreativas durante el día, malos hábitos de alimentación y, sobre todo, reglas poco claras respecto a los horarios de acostarse.

De acuerdo a la especialista de la Clínica Somno, las consecuencias de un mal dormir van más allá del ámbito académico. “La privación crónica de sueño no solo repercute negativamente en el rendimiento intelectual, sino que también lo hace en las funciones ejecutivas, en el ánimo, en el sistema inmune y, a nivel hormonal, puede afectar la hormona del crecimiento y en la que regula la saciedad, por lo que falta de sueño también se asocia a problemas de obesidad”, señala.

La buena noticia es que estos trastornos que provocan la falta de sueño son totalmente reversibles: basta con modificar algunos malos hábitos y conductas que no favorecen el descanso por otras que prioricen un horario de dormir saludable.

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